Yo no como de todo

HISTORIAS CULINARIAS

unA BUENA LECTURA (Copiar)

Véase esto como una declaración de principios:  yo no como de todo. Como sólo lo que me gusta. E intento que lo que me guste sea lo mas sano posible. Pero no es condición sine qua non.

No tengo que justificarlo: simplemente me gustan las cosas ricas y hechas con cariño que tengo en una lista mental que no comparto con nadie.  Ah!, y si el cariño escasea, el rebozo no es la solución. Ni el pan blandengue. Ni una chocolatina mala con el café. Porque sí, yo sí puedo decir sin tapujos que he comido comida de verdad, y que desde entonces no me gustan los sucedáneos.

Tampoco me gustan los do it yourself -tu te lo guisas tu te lo comes- que sirven para ahorrar en personal, pero donde luego, caramba, qué casualidad!, nunca encuentro la línea del ticket donde viene el descuento por hacer de camarero: quiero que me cambien el cubierto entre plato y plato; que me pregunten si está todo bien pero sin agobiarme, y que me presenten  cada plato como si fuera un regalo de navidad. Que me mimen, vaya.

Y si no, que avisen. Que el cartel de la puerta diga: aquí no se mima. Por lo menos así uno ya sabe a qué atenerse, y puede degustar el menú sin confirmar a cada minuto que sus expectativas no encajan con la idiosincrasia del lugar. Ojo, que esto nos ha pasado a todos, sin embargo, por alguna extraña razón, la mayoría de los restaurantes no le dan importancia a los sentimientos culinarios, a pesar de que yo pongo en ellos mis cinco sentidos.

Todo suyo,

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